2 jul. 2017

Las Guerras Floridas (Parte I)

DESCRIPCIÓN Y ORIGEN

Pirámide de Kukulkán,
en Chichén Itzá
Las Guerras Floridas o Xochiyáoyotl (del Náhuatl, Xochi: Flor, yao: Guerra), era una práctica bélica recreada por ciertos pueblos aztecas aproximadamente a mediados del siglo XV d.C., y protagonizada por la llamada Triple Alianza, la cual consistía en una confederación de estados indígenas ubicados en el valle de México, con propósitos políticos, militares y tributarios (algo así como un equivalente maya de la liga del Mayapán, que encabezaron los Tutul Xiúes de Uxmal, los Itzáes de Chichén Itzá y los Cocomes de Mayapán). La Triple Alianza estaba integrada por las ciudades de México-Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan (Tacuba). 

Éstos y otros pueblos protagonizaron unas encarnizadas luchas para obtener prisioneros que sacrificar en los altares del Templo Mayor en la capital mexica de Tenochtitlan. Se calcula que las Guerras Floridas (conocidas también como “Florales” o “Guerras de calendario”) pudieron darse en torno al año 1450 d. C., aunque se cree que fue un legado tolteca anterior. Algunas crónicas indígenas apuntan que sucedieron una serie de desgracias naturales (propia de las deidades) que perjudicaron las tierras del Valle en forma de heladas y excesivas humedades de manera puntual; pero también de forma continuada por epidemias y hambrunas, hasta límites en los que el intercambio de los propios hijos para la subsitencia era muy común (por la planta de maíz como alimento primordial).

Huitzilopochtli,
dios solar y guerrero
Los tlamacazqui (guardianes de los dioses o sacerdotes) recogían la palabra y pronósticos de sus dioses en forma de oráculo (especialmente de Huitzilopochtli, principal deidad mexica representado por el Sol); y es en una de éstas situaciones cuando surge la necesidad del sacrificio de personas para tenerlos contentos (según éstas revelaciones), pues era necesario para aplacar estas epidemias y desastres. Es decir, puede explicarse como la necesidad de realizar unos sacrificios (en la Guerras Floridas) para “sostener” al Sol, siendo éste elemento celeste necesario para la vida, los frutos o las cosechas.

Además, el sacrificio en sí era la única manera para extraer el líquido de la vida, acto que honraba el sacrificio de los dioses al crear el mundo. La sangre revitalizaría de nuevo, además, los campos bañados ahora por las desgracias. Por supuesto, los sacerdotes necesitaban cada vez más cantidad de personas para el dios Sol (el "Huichilobo", según los conquistadores españoles en su travesía por tierras mexicanas), sobre todo durante la coronación de los tlaotanis, es decir, los gobernantes supremos (del Náhuatl, “el que habla”, siendo éstos los líderes judicial, militar, religiosa, fiscal, administrativa, es decir, los “emperadores” desde una perspectiva occidental).

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