28 sept. 2014

Ishaq ben Abner (Aquelarre)

 Ishaq es un judío de estatura media, pelo oscuro, ojos negros y piel blanca. Eso sí: Jehová no quiso otorgarle el don de la belleza, por lo que es "marcadamente feo". Cualquiera que le viera una vez podría quedarse con su cara, pues su pequeña boca, su enorme nariz y sus diminutos ojos harían reconocerle casi al instante.

Ishaq habla cuando tiene que hablar, escucha lo que tiene que escuchar y calla cuando tiene que callar. Es listo y rapaz; joven pero capaz, ágil y valiente, aunque esto último es más bien porque lleva una armadura de alguacil: acaba de entrar a filas temporalmente. Si: la falta de efectivos le ha abierto la puerta a la justicia (aunque sea para ganarse unas monedas).

Mi padre tenía una herrería.
Era suya. Sólo suya.

Pocos judíos poseían una herrería en la aljama cordobesa, situada en la collación de San Bartolomé. Cualquier negocio estaba regido por más de un socio, y así nadie monopolizaba el negocio, fuera cual fuera. Mas no el de mi padre; y no es que fuera ambicioso, sino que se había granjeado por su propia cuenta el negocio, y era justo disfrutar de todo él para sí, y quizás heredarlo yo algún día.
Mi padre, como habréis adivinado, era herrero, y yo vivía con él, sólo con él, pues mi madre falleció cuando nací. Recuerdo que de bien pequeño me mandaba a hacer recados: repartir algunos cuchillos que habían encargado afilar, preguntar por la judería si tenían algo que fundir o enderezar o simplemente buscar metales que se pudieran aprovechar.

Recuerdo que mi padre era un hombre muy religioso. No faltaba a sus oraciones diarias, los rezos de la comida o su contrbución en el Sabbat. Incluso en su herrería tenía un pequeña trastienda con pergaminos del Antiguo Testamento e incluso bien guardado el talit de mi circuncisión, cuando aún lloraba. El negocio le iba bien, aunque cuando yo tenía unos diez u once años su vida cambió para siempre, y con ella la mía. Un vecino que ostentaba una de las mejores casas de la aljama y que impartía justicia hebrea dentro de ella no veía con buenos ojos la bonanza de la herrería de mi padre, organizó algunos pleitos contra él con falsas acusaciones (por pura envidia diría yo).
No ha mucho de eso, el Concejo de Córdoba le nombró, debido a su poder e influencia en la judería (eso y que habíase hecho converso, aún viviendo en el lugar), almojarife (recaudador y tesorero) y con ello su nueva estrategia se basó en acusarle de no pagar los impuestos oportunos, y el Concejo se echó encima a mi padre. Cuando los alguaciles entraron en la aljama dispuestos a poner órden en su negocio, éste se resistió, y no hicieron sino darle muerte allí mismo.

Yo por entonces pude escapar y refugiarme en casa de unos vecinos un tiempo. Pero la presión de aquel poderoso hombre viviendo en la judería, casi "casa con casa", era muy fuerte, y decidí salir de allí. No hice sino ganarme la vida robando y mendigando, primero. Más tarde, teniendo yo doce o trece, acabé en la collación de San Lorenzo, sirviendo a un morisco que se dedicaba a la cantería; Era sin lengua, y yo le hacía algún recado, resguardando mi condición de judío; mas cuando había que hablar el árabe ruborizábame, pues no andaba yo de esa guisa educado...

No duré demasiado allí, pues el tipo murió sacando piedra, y desde los diecieséis hasta ahora las cosas no han ido rectas, pero tampoco en desastre: Por las mañanas iba a las puertas de la ciudad, me internaba entre los viajeros y lograba sacarles las bolsas, monedas, cadenillas o los filos (mal ensortijados en sus cintos) y revenderlo aquí y allá no me suponía mucho; mi lugar preferido era la plaza del Potro. Aquel era un buen lugar para vender y revender, mas también sisar: muchos mesones con dobles salidas, callejas por doquier, gente arremolinada y postes para escalar hacia las fáciles ventanas, o viceversa.

Mas cuando hace poco oí que la guardia cristiana buscaba nuevos alguaciles, fueran de la condición que fueran, sentíme yo sorprendido, puesto que incluso algunos fulanos como un servidor (del oficio del "quitar mas no devuelvas") entraron a filas, como bien supe, y que eran pagados por llevar armaduras y "dar filosa" en nombre de los cristianos a cualquier maleante o imprudente.

Y supe que aquel era mi sino. O al menos, mi próximo oficio, aunque fuera para sacar unas monedas.

1 Reino y Pueblo: Corona de Castilla / sociedad Judía (Ladino 100%, Hebreo a (CULx2)% y Castellano a (CULx4)%.
2 Posición Social: Villano
3 Profesión: Malsín
4 Profesión Paterna: Herrero (Artesano)
5 Situación Familiar: Sin familia.
6 Características Primarias:
-FUE: 5
-AGI: 20
-HAB: 10
-RES: 15
-PER: 20
-COM: 15
-CUL: 15

7 Características Secundarias:
-Suerte: 50
-RAC/IRR: 70/30
-Puntos de Vida: 8/15
-Aspecto: 7 ("Marcadamente feo")
-Edad: 22
-Altura y Peso:
1.77|147
8 Competencias:
-Primarias: Conocimiento de Área (Toledo) (CUL): 45% , Escuchar (PER) 60%, Forzar Mecanismos (HAB) 30% y Sigilo (AGI) 60%.
-Secundarias: Comerciar (COM)  , Correr (AGI) 40%, Descubrir (PER) 45%, Empatía (PER) 50% , Memoria (PER) 55%, Saltar (AGI) 40%, Trepar (AGI) 50% y 1 Competencia de Armas de Villano: HONDAS (PER) 45%.
-Paternas: +25% Descubrir (ya sumado arriba)
9 Dinero Inicial: 500
10 Hechizos y Rituales de fe: --
11 Orgullos y Vergüenzas:

Orgullos:
-Memoria Prodigiosa (1p): +35% en Memoria
-Adiestrado en combate (2p): +25% a una Competencia de Armas --> Hondas.

Verguenzas:
-Fealdad (2p): Aspecto= 7
-Intransigente (1p): Odia a los que no son como él (referido a religión)

12 Retoques finales:
-Nombre: Ishaq ben Abner
-Historia: Pestaña historia
-Foto/Avatar: añadido
-Breve descripción: Pestaña descripción

Equipo y dinero: Pestaña "Notas"
_________________________________
Doy cuenta aquí del reparto de puntos:
Reparto de los 100 puntos iniciales:
-Correr: +20%
-Saltar: +20%
-Trepar: +30%
-Empatía: +30%

Reparto de los 25 paternos:
-Descubrir: +25%

Orgullos:
-Memoria Prodigiosa (1p): +35% en Memoria
-Adiestrado en combate (2p): +25% a una Competencia de Armas --> Hondas.

Verguenzas:
-Fealdad (2p): Aspecto= 7
-Intransigente (1p): Odia a los que no son como él (referido a religión)


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Equipo:
-Honda 1 Daño: 1d3+2. Alcance: 15 / 25 / 50 Fabricada en cáñamo o cuero
-Capacete 36 Casco de cuero duro Prot: 2 Res: 20 Cabeza
-Cuchillo 3 (HAB) Daño 1d6 Puede usarse como arma improvisada.
-Pelliza de Piel 108 Prot: 1 Res: 13/15 Pecho y Abdomen. Prenda de abrigo fabricada con pieles de animales sin curtir.
-Brazales 48. Prot:2 Res: 10 Brazos
-Grebas de Cuero 48. Prot: 2 Res: 15 Piernas
-Broquel 12 Res: 30, Fue minima: 5 Escudo pequeño de madera recubierto de cuero.
-Chilaba hebrea humilde 60 Chilaba con capucha de telas gruesas y oscuras.
-Alpargatas 3 Calzado de luna con suela de cáñamo. Indicado para andar en silencio.
-Zurrón 30 Fabricado con lana y cuero.
-Bizcocho de viaje 10 Hogaza de pan seco de larga duración. Dura 5 semanas. Permite comer durante 1 semana.
-Pan Trenzado 5 dineros Una hogaza de pan blanco horneado con aceite y semillas de amapola. Es comida judía.
-Cuerda 20 Diez varas de cuerda de cáñamo. Muy voluminosa.
-Ganzúas 36 Llavero con ganzúas y alambres. Es difícil encontrar un vendedor, por eso su alto precio.
-Garfio 10 Gancho de metal curvo y puntiagudo.
-Zaragatona 5 dineros Coste de una onza de zaragatona.
Total Gastado: 426 maravedíes
Restante: 74 maravedíes
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Mas lo que no saben vuecencias es de lo que me ocurrió en verdad salí de la aljama, una vez mi padre muerto. Fui a San Lorenzo, sí (lugar de truhanes y criminales), mas no estuve con morisco alguno, que lo del cantero lo refiero yo siempre a quien quiere saber de más. Et que tampoco anduve robando, que aunque no mostraba otro aspecto más que el de un sucio desarrapado, mi vida era más fácil, y a la vez complicada, de lo que cuento.

A los trece, cuando marché de la judería, deambulé un tiempo, mas con las enseñanzas de mi padre en mi cabeza. El destino me llevó un día hasta la Puerta del Puente, al sur de la ciudad. Allí estaba la casa de la Aduana, donde trabaja el tipo que arruinó y acabó con mi padre. Sin saber porqué, mucho tiempo le seguí (y creo que lo hice en pos de acabar con su vida con mis propias manos); hasta que un día me di percaté que seguía practicando los ritos hebreos, cuando se decía converso cristiano cuando éstos estaban delante. Fue entonces tuve que delatarle en la casa de la aduana, haciéndome pasar por viajero entrante de la ciudad.

Ya se sabe que cualquier acusación basta para condenar a uno, y que un juez hebreo y almojarife acusado era harto raro y poco común, más el Concejo no dudó en seguirle la pista hasta que hubieron de verle con el nuevo Testamento delante, y el Talmud y la Toráh en la otra mano, como se suele decir... Aquel hombre acabó sus días en la aljama, arruinado (y no llegado a la soga porque movió algún hilo debido a sus estatus), pero quedó a la altura del betún y sin poder alguno, y expulsado a la judería de San Bartolomé.

A mí, sin embargo, lejos de querer perderme de vista, fui conducido al alguacil mayor de la collación y me ofreció algo que jamás podría pensar: me dijo que por cada falso converso que anunciara, una bolsita de monedas caería del cielo. Recuerden vuesas mercedes lo mal visto que estaban los judíos en aquella época (mucho más que los habitantes de Gharnatah), y tal ofrecimiento me cambió la vida, pues acepté sin dudarlo.

Me procuré con el primer pago (que fue el de la venganza contra el corruptor de mi padre) una vivienda en San Lorenzo, de esas de corral por dentro. No me faltba cobijo y techo y desde entonces pululaba por Córdoba juntándome con otros judíos o volviendo incluso a la aljama, a fisgar. Y como la hipocresía religiosa era muy frecuente (o tal vez el miedo a practicar los ritos legítimos en tierra infiel) pude dar cuenta de muchos falso conversos, y poco a poco pude sobrevivir.

No obstante, y es lo último que tengo que confesarle, casi pierdo por todo ello la vida, e incluso a dia de hoy la temo. Un moro de San Lorenzo (el cual habíale visto yo rezar en el suelo y más veces en un día de las que uno lava su cuerpo en un mes) se enteró que habíale delatado (no me pregunten sus mercedes cómo). Mas resultó que trabajaba para un criminal de alta gracia en la Córdoba de ese tiempo: el Arrancacepas. No hice sino, por tanto, debido al temor de las represiones de aquellos funestos, incluirme en las filas alguaciles de los cristianos (a las cuáles no tuve problemas en acceder por mis contactos previos con los tales), pues nadie se atrevería a atacar a un soldado de justicia.

Y aquí me hallo ahora. Espero que aquel tipo o el propio Arrancacepas sepan controlarse cuando me vean, pues ahora mismo llevo atuendo de alguacil.



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