22 mar. 2014

Mauricio de Alconétar (Aquelarre)

 Mauricio de Alconétar es natural de Garrovillas de Alconétar, a unas siete leguas de la villa de Cáceres. Su dedicación es la de mediero (comprador-vendedor de objetos e intermediario), adquiriendo baratijas o armas, joyas o herramientas, que luego entrega a su hermano herrero para repararlas y revenderlas. También afila o refunde armas por encargo.
Su aspecto es sencillamente "mundano". Una cara "normal", desapercibida, pero una lengua elocuente y dicharachera. Pese a corta estatura, parece tener todas las dotes necesaria como para dirigir una caravana entera de mercaderes, puesto que su carisma, sobre todo durante su profesión es completamente necesaria.
Honrado, dinámico y activo, se gana la vida como puede y en "lo que sale", viajando por los alrededores de su villa para adquirir género. Eso si, maneja el arco bastante bien, por lo que si un día el negocio de la fragua con su hermano se va a pique y no sale a flote, bien podría echarse al monte a cazar conejos, o lo que fuera.
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Infancia: Nació en la aldea de Garrovillas de Alconétar, cerca de la villa que dicen "de los mil y un escudos", Cáceres, distante a 6 leguas aproximadamente. Pasó una dura infancia en dicha aldea (muchos problemas económicos familiares, al igual que la mayoría de sus habitantes), ya que estaba llena de incertidumbres debido a que el rey don Alfonso X se la entregó a su hijo, Fernando de la Cerda, tras haber estado cien años en poder de los Templarios. Vivía con sus padres y un hermano.
Su padre era herrero, y su madre cuidaba del ganado. Él y su hermano solían llevar los encargos de su padre ya realizados (entregaban espadas a viejos caballeros, recogían herraduras para llevarlas a la herreria, buscaban clientes a su padre,etc.,) con lo que de una manera o de otra intentaban familiarizarse con el negocio más que con el oficio. Su hermano, a última hora, acompañaba a su padre para aprender dicho oficio poco a poco, mientras que él salía a trapichear lo que podía para ganar un dinero extra familiar.


Juventud: Acusado por unas fuertes fiebres tercianas, mi padre se fue apagando hasta que murió cuando yo tenía 15 años. Mi hermano continuó el negocio, pues consiguió aprender el oficio de la herrería antes que yo (poniéndose al frente de nuesra fragua), cosa que jamás dominé. Con el poco dinero que nuestro padre nos quedó, a esa edad me hice con una mula y me dediqué a viajar por los pueblos de alrededor (yendo incluso a Coria o Cáceres) para adquirir algunas baratijas que traer a mi hermano, reconstruir o arreglar y revenderlas a buen precio a vecinos o gentes importantes. Era un negocio perfecto: mi hermano trabajaba las piezas de los cliente que yo mismo conseguía. Enseguida el negocio pareció prosperar (dado su talento herrero y mis dotes elocuentes, puesto que mi hermano era más como mi padre, callado, y yo como mi madre, muy hablador y "avispado").
Sin embargo, en la gran aldea regida por el infante de la Cerda, aún quedaron restos templarios que una vez la dominaron: viejos fráteres aún vivían en Garrovillas (algunos con otro oficio, algunos como simples mendigos...) que a veces me encargaban que afilara sus viejas espadas que bien habían servido a Dios con fe, para luego venderlas y así sacábanse ellos unos dineros... (¡lo que habían sido y lo que ahora eran!) Incluso les publicitaba a los fráteres alcantarinos que paraban por allí sobre nuestra herrería, y alguno por pura necesidad contrataba el servicio. Les mentiría si dijera que no iba demasiado al puente que dicen de Alconétar y sacaba restos de romanos para darles luego un buen provecho...


Madurez: A la edad de 20 murió mi madre, fruto de la delincuencia de la ciudad, apareciendo degollada, una noche que fue a por agua a la fuente. Fruto de eso, me agencié unos firmes aceros y mi hermano me hizo un afilado bracamante que habíamos tomado para afilarlo y vendero, y con él pretendí yo darle justicia de forma personal... Ya era yo conocido en Garrovillas por la herrería y las ventas, que iban al alza, y además sabía los secretos de muchos, por mi profesión indagadora y mi elocuencia forzosa, por lo que no tardé en dar con el autor y tirar su cuerpo por el puente romano de Alconétar. Desde entonces, me hice llamar en mis viajes a por baratillas con el sobre nombre de Alconétar...: "Mauricio de Alconétar".
Mi hermano y yo teníamos ya clientes habituales (aparte de los nuevos). Uno de ellos era un viejísimo santiaguista que, cincuentón y manco de una mano, no podía valerse ni para encargos de espada de poco lustre. Cuando el de la Cerda, hijo del rey, puso su jurisdicción en Garrovillas, en un primer momento tuvo que tirar de hombres del lugar para el regimiento del lugar, e incluso traer más caballeros de fuera, aún siendo de otras órdenes... Él fue uno de ellos, pero ahora estaba impedido. Le arreglaba mi hermano todo lo que ya no usaba: escudos, viejos cascos, le apostillaba algunas lanzas, y sus espadas, por supuesto. Mi confianza con él aumentó, pues no había tenido hijos y creo que me miraba como uno tal. Me contó que estuvo en el Monasterio de Uclés, sede de los Santiaguistas, como fráter encargado de la biblioteca debido a que conocía las letras y números. Allí leyó mucho, obviamente, y se encontró con un viejo legajo metido en un viejo libro: al parecer era una copia de la ubicación en que Carlomagno habría guardado un trozo del mantel de la Última Cena (algún monje lo habría copiado como anécdota), guardado en lo alto de la torre del castillo de Floripes, en Garrovillas. Y la casualidad (o tal vez el Altísimo) quiso que el infante real lo destinara allí. Durante su tiempo en Garrovillas pensó en hacerle llegar a Jofre (había trabado amistad en la biblioteca de la sede santiaguista) el conocimiento del trozo de mantel por si le ayudaba a recuperarlo (no había muchos santiaguistas en Garrovillas, y ya se sabe el "pique" que había entre las distintas órdenes medievales, como para confiar en alguien de otra órden...), pero jamás lo hizo por creer que la carta y el secreto caería en malas manos. Ahora, cincuentón, sin una mano de la que poder valerse y arrepentido por no intentar jamás hacerse con el trozo de paño divino ni avisar a su antiguo conocido, el santiaguista me dijo (por nuestra confianza) que un tal Jofre, caballero de Santiago, me ayudaría a recuperarlo. Lo último que sabe de él es que se encuentra en Trujillo, lugar al que pretendía dirigirme para encontrarle.


Inflexión: Y es que el caballero santiaguista que ya carecía de mano, y tenía por muñón su principal, que era la diestra, y que ahora malvivía en Garrovillas, fue aquello que me impulsó a viajar a Trujillo, aunque, ahora que lo pienso, aún más que viajar encarecidamente a esa ciudad o por el tema de la Santa Reliquia, marché de allí porque había de olvidarme de alguien con quien no hace mucho, mi hermano y yo, en nuestra localidad, nos reencontramos. Una dama, Marisa, villana salida de pequeña de Garrovillas cuando tenía menos de diez años y mandada ordenarse como sirvienta en el castillo de un vizconde en tierras salmantinas, regresó tras demasiados años de servidumbre. Sabía leer y escribir (habia aprendido allí), retornando con algunos modales y protocolos de palacios, pero había vuelto a la pequeña aldea de Alconétar misteriosamente, sin causa concreta alguna ¿Qué habría ocurrido? Su madre, vieja y ciega, se alegró de verla, e insistió en que nos avisase a mi hermano y a mi de su llegada, puesto que desde niño ambos habíamos rivalizado (sanamente) por mostrar nuestro interés por aquella niña, por lo que siempre habíamos jugado con ella en nuestra infancia. Esa rivalidad, en cuanto la vimos, reavivó el fuego de unos rescoldos casi extintos en nuestro interior.
Los tres nos alegramos al vernos, y ella se sorprendió al ver nuestro negocio y nuestras habilidades. Marisa entró a servir al regidor de Garrovillas en esa época, don Marcial, um hombre recto y sabio, pues así lo había comunicado el infante de la Cerda y es verdad que no hubo delincuencia pronunciada durante su mandato. Al poseer nuestra localidad diversas pedanías a varias leguas de allí, don Marcial debía atender siempre asuntos fuera, y más debido a una ola de bandidaje que azotó la villa y sus dependencias (que incluso hizo que nuestra fragua fuese una vez prendida de fuego perdiendo valioso género), y Marisa cuidaba de las llaves de su casa. Mientras los meses pasaban, veía cada vez más a Marisa en la fragua (ayudándonos a veces a limpiar los restos de destrozos), mientras un servidor salía a buscar nuevos artilugios, vestigios y aceros que darle a fundir a éste, puesto que en el asalto también nos habían robado armas ya prepradas... Y por lo visto mi querido hermano no perdía el tiempo, mientras yo me consolaba, viajando en mi burra, pensando en la muchacha y su regreso... La búsqueda del santiaguista me dio alas, amargas alas de huida, puesto que Marisa, a la que reconozco que profesaba amor en secreto, se encariñó demasiado de mi hermano y a la inversa, haciéndose pronto inseparables, cosa que no podía aguantar, pues ya no éramos niños. Apartando de mi vista a quienes aún me quedaban en el mundo y profesaba amor (mi hermano y Marisa, pues nunca logré formar familia con una buena dama), creí que Trujillo me haría enfríar la sesera.
Sin embargo, de esperanza henchido que me hallo: ¿Cómo veríame la dama Marisa si recuperara el gran mantel de Cristo? Estoy seguro que con otros ojos... Ojos de amor.

1 Reino y Pueblo: Castilla, Castellano
2 Posición Social: Villano
3 Profesión: Mediero
4 Profesión Paterna: Artesano (Herrero)
5 Situación Familiar: 1 hermano vivo, sin mujer o hijo. Sin padres
6 Características Primarias:

Atributo Valor
Fuerza 5
Agilidad 15
Habilidad 20
Resistencia 15
Percepción 15
Comunicación 15
Cultura 15

7 Características Secundarias:
Edad 30
Altura y Peso: 1,62 varas / 121 libras

Característica Valor
Suerte 39/40
RR/IRR 65/35
Aspecto 15
Templanza 50
PV 15/15

8 Competencias:

Habilidad Tipo Valor Utilizada
Comerciar Pr 75
Conocimiento de Área (Cáceres) Pr 65 X
Elocuencia Pr 70 X
Empatía Pr 75 X
Disfrazarse Sec 15
Escamotear Sec 55
Esquivar Sec 50
Leer y escribir Sec 75
Mando Sec 15
Sigilo Sec 30 X
Tormento Sec 20
Cuchillos Sec+Pat 60
Descubrir Terc 15

9 Dinero Inicial: Comerciar x10: 60x10 . ¿Resultado x5?
10 Hechizos y Rituales de fe: Nada
11 Orgullos y Vergüenzas
Vergüenzas:
Vejez (1 punto) Ahora 30 años, +40ap, y 4 tiradas
Pobre (1 punto)    Dinero Inicial reducido a la mitad
Dolencia: Alergia (1 punto): Contacto con sustancia,en 1D10 min. -30% a Comp. durante 1D6 Horas

Orgullos:
Comprensivo (1 punto) +25% Empatía
Dedos ligeros (1 punto) +25% Escamotear
Locuaz (1 punto) +25% Elocuencia. Le resulta dificil estar callado

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Resumen puntos otorgados
-De los 100: Comerciar(+30), Conoc. Área (+10) Esquivar (+25), Leer/Esc (+30),Empatia (+5)
-De los 25 paternos: Cuchillos (+25)
-De los orgullos:
----Vejez(40ap): Escamotear (+10), Sigilo (+15), Cuchillos (+15)
----Resto orgullos: Empatía (+25),Dedos ligeros/escamotear (+25),Locuaz/elocuencia (+25)
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Eventos por Edad: Riquezas (empiezo con 1500 Mv para comprar) y Guerra en mi tierra (reducción a la mitad de posesiones y dineros)

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