16 may. 2012

Roderigo (Aquelarre)

Roderigo es un tipo de esos que puedes llamar medio metro, de pelo negro como la noche y unos ojos marrones claros. Tiene sobre 20 años de edad. No llama mucho la atención pues su apariencia es bastante común en la época. Por su profesion suele vestir ropas oscuras y apretadas (para que no hagan ruido ni puedan engancharse con nada). En cuanto a carácter, no suele trabar muchas amistades, aunque es afable. El ser ladrón no significa que sea cruel o despiadado, simplemente, decidió ganarse la vida de esta manera, prefiere esconderse antes que tener que matar a alguien, solo mataría en caso imprescindible.

Roderigo nace en el Reino de Galicia, hacia la zona costera del frío Lugo. Huérfano de madre nada más nacer, y de padre desaparecido en combate durante su tierna infancia se vio obligado a sobrevivir con trabajos de mala muerte, casi esclavo. Primero probó como ayudante en tascas y similares, pero ante el trato que la sociedad de la época decidió darse a la vida del robo, a la cual se adaptó rápidamente, parecí haber nacido con un don para el robo. Repudiado por casi todos y no sintiéndose parte de nada, halló en el robo algo mas que la forma de ganarse el pan, un reto personal, algo en lo que era bueno, algo que él llegaba a considerar...arte. Y como todo buen artista, ha de ir evolucionando, su ciudad se le quedó pequeña, y emprendió viaje en busca de retos mayores. Esta búsqueda lo llevó a la pequeña ciudad de Lorca, donde con sus compañeros de viaje, fue apresado y encarcelado nada mas llegar, siendo acusado del delito de profanación de tumbas (falso completamente) por un corrupto aspirante a gobernador.

Lo usaron como títere en una conspiración, no obstante, las mañas del improvisado grupo de "amigos a la fuerza" consiguió fugarse de la prisión y evitar el sucio golpe de estado local (aunque su intención era escapar, la entrada estaba ocupada por hombres armados). El gobernador, al ver que este grupo de amigos lo salvaba de una muerte segura, los agasajó de sobremanera, concediéndoles residencia y trabajo a todos ellos además de una prima monetaria. Roderigo se adaptó bien a este cambio de la pobreza a la riqueza, no obstante, seguía teniendo viva una pasión por su peculiar arte, y en vistas de no perjudicar a quienes tan bien se había portado con el, decidió emprender de nuevo el camino, con esperanza de saciar algún día su ansia de arte, y poder volver a Lorca, a terminar pacíficamente sus días.

Sus nuevas andanzas lo llevaron a ponerse al servicio de un tal Don Carlos, que quería compañía para un viaje hacia Santiago de compostela, en vista de que por el camino podía hace botín y esconderse tras la apariencia del gran señor, aceptó unirse, sin saber lo que el destino le preparaba. AL poco de empezar su camino, fueron parar en un monasterio, cuya abad, el abad Leire, se estaba preparando para la guerra. A penas le dio importancia a ese hecho nuestro buen Roderigo, hasta que al llegar al valle de Ibarrela, descubrió que unos supuestos bandidos estaban atemorizando a los habitantes de aquella zona, al mismo tiempo que el abad Leire les ofrecía protección a cambio de vasallaje... por lo visto el abad estaba detrás de las acciones de los bandidos. Sus compañeros, valientemente decidieron ayudar a los de Ibarrela, plantándoles cara a los bandidos en combate abierto, Roderigo, no atreviéndose a negarse, dio la cara...hasta que pudo huir como una rata sin que nadie se diese cuenta.

Pasado el combate, Roderigo, tras autolesionarse para dar la impresión de haber ayudado en la batalla, se unió a sus compañeros, ayudó a curarse a alguno, y siguió su viaje hacia Santiago. Roderigo pensó que ya nada peor les podía pasar, visto lo de Ibarrela. Pero lo cierto es que solo 7 días le duró esa sensación, y solo siete días reposo mínimamente, pues llegados a una posada en la localidad de Estrella se toparon con una mozuela que estaba siendo retenida por 3 soldados. Así fue como un caballero de la Orden de Santiago y varios de sus compañeros decidieron dar muerte a dos de los soldados y dejar a uno libre para rescatar a la moza. Esto y el destino en común hizo que el caballero se uniese al grupo. Roderigo se maldijo, y pensó que aquello quizá no hubiese sido la mejor idea, como mas tarde se dio cuenta, pues resultó ser que tal moza era hija del varón de la localidad, y que se había fugado con motivo del amor entre ella y un goliardo. Lejos de seguir la razón y el sentido común y haberla llevado ante su padre ipso facto y presentar disculpas por los soldados, el ya conocido "héroe" Don Carlos de Mayoral decidió escoltarla hasta el lugar donde la boda tendría lugar: el monasterio de Irache.

Varios fueron los obstáculos del camino, como el casi ahogo de uno de los siervos de Don Antón en una poza de barro, la torcedura del tobillo del propio Roderigo, el encuentro con unos bandidos... todos ellos de poca importancia frente al hecho de que los hombres del Barón y el mismísimo Barón les encontraron y lucharon con ellos. Roderigo temió por su vida al verse rodeado por soldados a caballo así que tomó una de las decisiones más valientes de su vida: esconderse tras un compañero y solar alguna que otra puñalada furtiva a quien se acercara. tuvo la suerte o la desgracia de acertarle al barón en plena cabeza, matándolo. Eso hizo que los soldados del propio Barón se retiraran...Roderigo solo esperaba que se olvidasen de su cara, y que el asesino del Barón quedase en el anonimato. Había pasado el combate y haciendo recuento Roderigo se dio cuenta de dos cosas que lo apenaron. La menos grave es que tenía una flecha clavada en el brazo, no parecía haberle afectado mucho, pero dolía. La otra era que uno de sus compañeros, otro más, había muerto en la lucha. Kalev el judío y Ernesto el cortesano había muerto en un viaje de pereegrinación por los caprichos del "honor" de un noble, que lejos de hacer algo bueno, solo sembraba la miseria con cada decisión que tomaba.

Apenado y como si le hubieran echado 20 años encima, prosiguió el camino hasta el monasterio de Irache. Al llegar allí dieron sagrada sepultura a a su compañero y un sanador dio cuidado de las heridas de todos. Tras una buena cena, reposo y un copioso desayuno, el peculiar grupo reemprendio camino con un nuevo compañero, pues el sanador se les había unido. Roderigo continuaba el camino, maldiciéndose de la decisión que en su día le llevo a acompañara a Don Carlos, consolándose con que acabaría por llegar a su tierra natal, a casa, y quizá allí, su vida pudiese mejorar. Iba absorto en estos pensamientos cuando Don Carlos cayó inconsciente de su caballo. Todo el mundo, en mayor o menor medida alarmado quiso saber que demonios le pasaba, pero como nadie alcanzaba a averiguarlo, decidieron llevarlo al pueblo más cercano, donde recibió los cuidados de una sanadora. Pasados unos días, la sanadora parecía no ser tan sanadora, pues el estado de Don Carlos no hacía mas que empeorar. La mujer les recomendó llevarlo hasta Burgos, y al mencionar la ciudad, Roderigo recordó a un médico moro que tiempo atrás lo había salvado de morir a manos de una extraña enfermedad. Tras convencer al grupo (cosa no muy fácil, pues había un santiaguista y un noble con ellos), se dirigieron a la posada de aquel viejo médico, donde Don Carlos se recuperó y reposó unos días, tras los cuales, reemprendieron su viaje.


Nombre: Roderigo de Lorca
Aspecto: Joven de pelo negro oscuro y ojos marrones, 1,50 aproximadamente y unos 60 kilos.
Reino: Reino de Castilla
Pueblo: Gallego(antiguo Reino de Galicia)
Idiomas:Gallego 100% y Castellano 20% ( CUL x4)

Templanza= 42%
Puntos de Vida= 13
SUERTE: 40 (gastados:3 puntos-actual 37)
TEMPLANZA= 45

Características:
FUERZA 5
AGILIDAD 20
HABILIDAD 20
RESISTENCIA 15
PERCEPCION 20
COMUNICACION 15
CULTURA 5

Competencias de ladrón
*Correr 60
*Esquivar 75
*Escamotear 60
*Trepar 60
Forzar mecanismos 50
Sigilo 70
Escuchar 40
Descubrir25
Disfrazarse 15
Lanzar 20
Comerciar 15
1 Competencia de armas: Cuchillos: 50 (base 20+ puntos de padre 25 = 45)
Primeros auxilios: 35


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