31 ene. 2012

Jaume de Castell i Fabres (Aquelarre)

Siempre me apasionó el conocimiento. Leer y comprender, saber y deducir. Tanto es así que desde bien pequeño mi afición por la lectura y las confrontaciones adultas del día a día iba asumiendo. Mi padre pudo tener algo que ver, bueno: más bien tuvo la mayor parte de pertenencia.

Vivíamos en una casona de El Pla de San Joan, en unos terrenos que en parte teníamos arrendados a otros burgueses o otras partes las explotaban nuestros jornaleros. Mi padre era médico, tal y como yo, y su estricta educación siempre pesaba  sobre mi gaznate. Hubiera tenido toda la culpa (y así se lo hubiera hecho yo saber) de no haberme gustado tal oficio; el caso es que cuando no montaba o iba de cetrería el tiempo lo empleaba en estudiar. Mi avidez por el saber pronto me llevaron a un par de conventos recién construidos cerca de la antigua taifa de Wasqa. A partir de aquí,  cuando decidí continuar la profesión de mi padre y se lo comuniqué, marché a Navarra para completar mi educación.

Fue allí, en un colegio privado de médicos cerca de Lecumberri donde encontré gran dispridad de conocimientos. Mientras estudiaba las enfermedádes más venéreas pasaba yo  a tratar a enfermos incurables, aunque más bien fuera por contemplar su anatomía y poder practicar. En ese tiempo mis estudios me hacían destacar muy por encima del resto y ello lo hicieron notar mis maestros. Yo tenía en muy alta estima a uno de ellos, Don Ramiro de Bervegnant, un soldado francés que había estado a las órdenes de Su Majestad Alfonso III en Aragón. Acudía con regularidad a sus clases y por las tardes bien era cierto que acudía a visitar enfermos con él, atender avisos inesperados e incluso ir a curar ganado con sus técnicas. Me dijo que tenía buenas impresiones sobre mi, buenas expectativas, y que llegaría a ser un gran médico.

Fue en una de éstas que Don de Bervegnant me citó para un encuentro académico. Y estando él en sus aposentos y yo habiendo llegado antes de la hora le sorprendí leyendo. Como ya digo la sorpresa fue suya y no mia, ya que su escritorio pronto dejó caer el libro que ojeaba, tal vez de la impresión de mi llegada inoportuna. "Ave Satani" -terminé leyendo la tapa mientras recogía su libro. Acto seguido, cuando aún los últimos médicos estaban en las dependencias de la casa de sanidad, Bervegnant dejó de fingir como que leía los apuntes de sus discentes y anotaba cosas con una pluma y me mostró el libro de frente. "Siéntate" -me dijo-, "siéntate y no tengas miedo".

En esos momentos me comentó que a pesar de mi demostrada brillantez para el oficio, muchos médicos contaba con remedios que no podían adquirirse con fluidez y mucho menos otorgar a los enfermos: me enseñó los entresijos de la magia. Decía con decisión que él utilizaba los hechizos (aquellos que conocía) como apoyo para la medicina, casi como una materia heterodoxa en una doctrina científica. Sin embargo, yo sabía, aparte de leer el tal "Ave Satani" cuando hubo de prestármelo, que no me decía toda la verdad. Dejaba caer numerosas veces comentarios sobre "lo que no podemos ver" o "lo que oculta la noche", hasta que una de las noches en que quedábamos para hablar y practicar rituales que sin duda ayudaban a nuestros pacientes, me confió algunos secretos que no me es posible revelar ahora mismo. Al final de mi estancia en Navarra, los días justos antes de partir, sentía que había aprendido otras materias de forma paralela al oficio de la medicina, y esto me reconfortaba al igual que me hacía más libre al saber nuevas cosas (y seres), pese a que estaban sutilmente ocultos. Fue la última vez que vi a mi maestro... bueno, la penúltima.

Fue en estas que, tras bastante tiempo a medio camino entre Aragón y Castilla ejerciendo de médico en muchas localiades, volví a El Pla de San Joan. Contaba ya con la edad de 24, lo suficiente como para formar una familia. Mi padre había agrandado las tierras y sus cosechas abundaban ahora por doquier. Por tanto, nuestra situación económica fue mucho mejor. Fue por entonces cuando estando de servicio atendí a una señora que bien el diablo podía habérsela llevado, pues había sufrido un gravísimo accidente con su mula de carga. Ésta tenía una hermosa hija, la cual fue la que avisó al médico de urgencia, osease, un servidor, el cual fue a otorgar auxilio. Largo tiempo visité a aquella anciana mas su hija me tomó gran estima hasta que el tiempo hizo que intimáramos. Desde entonces se convirtió en mi mujer. Meses después tuvimos a nuestro hijo, hasta que todo se truncó...

Fue en estas que pude adquirir con las ganancias de mi padre y las mías como médico un pequeño fortín con terrenos de caza y labranza a las afueras de la villa, contando con numerosos craidos a los que mandaba, intentando otorgar la mayor felicidad posible a mi esposa e hijo. Hubo unos meses de felicidad hasta que una patrulla de hombres de armas al servicio del comendador del pueblo se presentó en mi casa. Sin palabra alguna hubieron de registrarla de arriba abajo, no sabiendo qué pretendían encontrar o qué fuera el agravio que hubiera yo cometido. Cuando se dignaron a hablar, me preguntaron tales vanalidades que los eché de inmediato a mi casa, con mis propios hombres: que si yo había pactado con Satán, que si era venerador de brujas o que si había practicado heréticas acciones con seres inesperados ¡Que aberración!

El caso es que, días despues, los rumores de tal suceso se dispararon. Las gentes de El Pla comenzaron a decir haber visto a una figura bastante intrigante merodeando de noche por las calles del pueblo: niños y ancianos eran sus testigos (a los cuales unos creían y otros no). El caso es que todo eso se relacionaba conmigo ya que decían tales habladurías que aquella figura, encapuchada, cabizbaja y tenebrosa, incluso decía palabras, entre las cuales figura mi nombre ¡Mi nombre!

El caso fue muy sonado en la comarca a la semana, hasta que el comendador se hizo con una patrulla de hombres y comenzó a recorrer mis dominios: sin duda habían sacado conclusiones equivocadas acerca de mi. Al encontrarme yo cazando, pude verlos mientras avanzaban a mi fortín, y rápidamente llegué a él, cogí a mi hijo y esposa y escapamos, pues sabía yo de muy buena maña que aquellos no harían sino condenarme por tal agravio, el cual no cometí. ¿Porqué aquel extraño ser, casi fantasmal según decían algunos, musitaba mi nombre entre rezos y palabras distantes? Huimos a casa de mi padre. Sin embargo, él nos recomendó alejarnos de aquella tierra todo lo que pudieran, pues decía que condenarían por heréticas prácticas atrayentes de indeseables formas o quizá incluso de hablar con el mismísimo demonio. Decidi entonces, y muy a mi pesar, que sería yo quien me alejaría de tal lugar, y mi mujer marcharía a Castilla con unos parientes.

Desde entonces vago condenado en el reino de Aragón. Lo único que he podido suponer es que aquel espectro no era sino mi antiguo Maestro, Ramiro de Bervegnant, el cual intentaba decirme algo tras su muerte (aún ni sabiendo yo que había muerto). Mi empresa, por tanto, no es sino volver a Navarra, a donde una vez aprendí los designios de lo oculto ¡y que Dios me parta ahora si es que lo practiqué! para cerciorarme realmente si ese desdichado es quién me atormenta y porqué lo hace, y así, algún día, recuperar mi estado y mi hogar, mi casa y mi familia. Mi vida.
 
Nota: el espectro es, en realidad, un monstruo del bestiario de Aquelarre. Éste:
Esperit
Anima de una persona que haya tenido tratos regulares con el Diablo o sus seguidores, pero que se haya arrepentido sinceramente antes de morir. Este arrepentimiento les permite no entrar en el Infierno, pero debido a la naturaleza de sus pecados no pueden entrar ni en el Cielo ni en el Purgatorio. Como expiación por sus pecados, deben vagar por los caminos durante un tiempo indeterminado, no pudiendo entrar en las casas ni en las poblaciones. Tienen la apariencia de personas de aspecto demacrado y triste, vestidas siempre de ropas oscuras y con el rostro semiembozado por una capucha o sombrero. Aquél que tropieza con uno de ellos se considera afortunado, pues es creencia popular que los Esperits pueden acortar su condena si ayudan a los vivos a no cometer los errores que ellos cometieron, cosa que hacen anunciándoles detalles de su futuro inmediato. Se les suele ver con cierta frecuencia en el Camino Real que lleva a Figueras.

Reino de Aragón
Catalán
Sociedad: Cristiana
Restricciones: No pueden pertenecer a la clase social Esclavos
Idiomas: Catalan 100% y Castellano (CULx4)
Burgués
Médico de profesión.
Padre Médico de profesión (también)
una mujer y un hijo.
    Fuerza(FUE): 10
    Agilidad(AGI):10
    Habilidad(HAB):15
    Resistencia(RES): 10
    Percepción(PER): 15
    Comunicación(COM): 20
    Cultura(CUL):20
    Suerte: 50
    Templanza: 25+31=56
    RAC/IRR: 25/75
    Aspecto: Mediocre
    Altura, Peso: 1,65 - 63 kg.
    *Conocimiento Vegetal (Cultura): 20 x 3: 60%
    *Empatía (Percepción): 15 x 3: 45%
    *Medicina (Cultura): 20 x 3 + [[10]]: 70%
    *Sanar (Habilidad): 15 x 3 +[[15]]: 60%
    Alquimia (Cultura): 20 x 1: 20%
    Conocimiento Animal(Cultura): 20 x 1
    Conocimiento Mineral(Cultura): 20 x 1
    Conocimiento Mágico (Cultura): 20 x + 60/2: 50
    Descubrir (percepción): 15 x 1
    Elocuencia (comunicación): 20 x 1 + 40: 60%
    Leer/Escribir (Cultura): 20 x 1
    Memoria (percepción): 15 x 1
    1 Competencia de Armas de Villano (ARCO Largo): 15 x 1

Dineros: 3000. 2664 actualmente.
Personaje de 25 años, por lo que hago 4 tiradas de rasgos de carácter (obligatorias)

El personaje está acostumbrado a mandar. Quizas instruyó a una serie de aprendices en su oficio, o puede que simplemente estuviera a cargo de un grupo de trabajadores. Lo cierto es que se le da bien ar ordenes: +25% a la competencia de Mando

Tenga la profesion que tenga, el personaje es un verdadero aficionado a la caza y la practica siempre que tiene ocasión: aumenta en +25% su porcentaje de Rastrear y luego el tipo de caza que practica, con arco(+25 a arcos) o de cetreria(+25 a Conocimiento animal).

Está muy delgado, mas de lo normal, lo que era visto en la edad media como simbolo de enfermedad, y muchos pueden rehuirlo por eso: reduce su peso en 60 libras.

El personaje esta condenado a muerte en su tierra por algún grave delito que cometió o que todos pensaron que había cometido él. Si en algún momento vuelve a su tierra natal debera tomar precauciones para evitar ser descubierto y sentenciado.

HECHIZOS:
PC's actuales: 13/15
Nivel 1. Malus 0%, Coste 1 PC
AUMENTAR EL CONOCIMIENTO
Tipo: Poción
componentes: Sangre y Leche de Cierva, Incienso, Tinta, Jugo de Absenta (Ajenjo)
Caducidad: 1D6 días, antes de que pierda sus poderes.
Duración: 2D6 oras, una vez ingerido.
Descripción: Esta poción permite aumentar una competencia dependiente de la característica Cultura en un 50%.

Nivel 2. Malus -15%. Coste 1 PC.
CURACIÓN DE ENFERMEDADES
TIPO: Talismán.
COMPONENTES: Paño de estopa negra, grueso, 2 planchas de madera expuesta al sol durante 7 años, Cera de abejas, Grano de trigo, Plomo fundido.
CADUCIDAD: El talismán no pierde sus propiedades hasta la muerte de su creador. Entonces, ennegrece y se desintegra. DURACIÓN: Instantánea y permanente (ver Descripción).
DESCRIPCIÓN: Coger el paño negro, y colocarlo entre las dos planchas de madera. Calentarlo todo con abundante cera de abejas, durante dos días. Añadir el grano pulverizado y hervirlo todo con agua, hasta que se transforme en una masa informe. Extender esta masa en una tabla, y dejarla toda una noche a la luz de la luna llena. Coger luego un poco de la masa y mezclarla con plomo fundido. Hacer con él un anillo, que el ejecutor deber ponerse en el dedo índice. En el anillo se grabarán unas ciertas palabras. Frente a un enfermo, hay que hacer que estreche la mano del anillo entre las suyas, y luego darle a beber un poco de agua en la que se haya sumergido previamente el anillo. Se levantará inmediatamente, completamente curado.

BÁLSAMO DE CURACIÓN
TIPO: Ungüento.
COMPONENTES: Agua solarizada en el signo lunar,
Betónica, Mirto, Belladona.
CADUCIDAD: 2D6 días.
DURACIÓN: Permanente.
DESCRIPCIÓN: Lavada una herida abierta con este bálsamo, permite recuperar 1D3 de puntos de Resistencia. Un herido sólo puede ser curado por este bálsamo una vez al día.

Nivel 3. Malus -35%, Coste 2 PC.
CURACIÓN DE HERIDAS GRAVES
TIPO: Talismán.
COMPONENTES: Paniquesillo (Flor del Olmo), Turquesa (Piedra preciosa).
CADUCIDAD: El Talismán no pierde sus propiedades con el tiempo.
DURACIÓN: Los efectos del hechizo son instantáneos y permanentes.
DESCRIPCIÓN: Se somete al Paniquesillo y a la Turquesa a una serie de operaciones alquímicas, al final de las cuales la flor está dentro de la piedra preciosa, sin que en esta se haya hecho la menor fisura. La piedra puede llevarse engarzada a un anillo o colgada al cuello. Presionando la piedra contra la herida de un moribundo (que tuviera puntos de Resistencia negativos), le eliminará los puntos negativos, dejándolo a Resistencia 0, desmayado pero fuera de peligro.

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