14 ago. 2017

Breves notas sobre la piratería del siglo XVII

Se considera el siglo XVII una época de esplendor marítima en los diferentes mares conocidos. Os dejo unas pequeñas pinceladas, a modo muy general, sobre la vida marinera y pirata para aclimatar un poco mejor a vuestros jugadores en partidas de esta temática (sin ahondar demasiado en consideraciones históricas). Os dejo también el PDF en la sección Recursos Roleros.

Para cualquier marinero novel o experimentado, la vida a bordo era terriblemente dura y sacrificada. Antes de embarcar, uno podía hacerse a la idea de las limitaciones en alta mar, pero tal vez no se daba cuenta de las situaciones que estaba a punto de vivir. Era no poco común componer, antes de nada, un testamento y tomar confesión en la iglesia local o con algún capellán a bordo. Con ello se elevaba el ánimo interior para afrontar los peligros del mar y la posibilidad de no regresar con otra perspectiva. ¿Porqué uno no se dedicaba a otro oficio? Necesidad más que falta de voluntad, por un lado, y tal vez el ansia por el ascenso social y enriquecimiento fueran los motivos más comunes.

Las ocupaciones básicas de la vida a bordo eran diversas, bien diferenciadas y realizadas según el grado de la marinería y los oficiales: llevar el timón o vigilar el rumbo no eran menos importantes que limpiar las cubiertas, perseguir plagas de ratas, izar y arriar velas o achicar agua cuando accedía al interior del navío. Además, los marineros se afanaban en sus labores durante turnos que podían ser aproximadamente de entre tres a seis horas. Por supuesto, la vigilancia del rumbo no era cosa baladí y era frecuente que los capitanes vigilaran en horas intempestivas (en sentido figurado y literal) la línea del horizonte, así como durmieran en sus camarotes a plena luz del día.

Cabe destacar el común hacinamiento de la tripulación y la aglomeración que experimentaban dependiendo del buque en el que se encontraran enrolados. Una vez en el navío, cada marinero ocupaba un lugar libre como espacio personal, donde podía colocar sus pertenencias (mantas, armas propias, jaulas con sus animales, objetos personales, etc.) no por ello sin necesidad de defenderlo. Fruto de esta acumulación la vida en alta mar podía ser incómoda y molesta durante un tiempo. Peleas, falta de higiene, enfermedad o humedades hacía algo más difícil la vida a sus marineros. Las horas de descanso nunca estaban garantizadas.

Cada uno de ellos gozaba de su ración de agua y comida diaria (aunque podía conservar su propia comida), cuyos alimentos consumidos eran comúnmente tasajo o carne salada, bizcocho (tortas de harina de trigo), arroz, vino, pescado, tocino y legumbres, aceite o vinagre. El capitán, contramaestre y piloto de la nave solían comer aparte de la tripulación regular.

Existían entretenimientos bastante comunes en alta mar, tales como amenizar con trompetas o flautas al resto de tripulación y acompañando musicalmente a recitales de romances; los juegos de azar, que aunque prohibido de manera oficial, era una diversión compartida por la mayoría de oficiales; también solían darse las peleas de gallos encubierta o camarotes, la charla como rutina más común y en contadas ocasiones la lectura (para aquellos que dominaban la letras) y la pesca (cuando el mar lo permitía). El mayor entretenimiento y uno de los más anhelados por toda la tripulación era realizar escala en sus trayectos por alta mar, donde poder beber agua, recolectar comida y al fin y al cabo abandonar el hacinamiento durante unas horas.
 Cuando un marinero moría por cualquier razón no había más remedio que echarlo por la borda. Sin embargo, dependiendo del estatus o la condición del fallecido el procedimiento era distinto: los esclavos, los condenados o ciertos marinos que no gozaban de importancia para la tripulación eran lanzados al agua sin más. Por el contrario, aquellos hombres con cierta distinción eran cubiertos por una lona cosida y rellena de lastre (utillaje de guerra o cualquier otra cosa que pesara) para que tras lanzarse al agua se hundiera y no fuera devorado por animales depredadores. Antes de ello se le dedicaba una ceremonia religiosa previa.
He aquí algunos títulos de oficiales y diversos oficios muy comunes en casi cualquier buque del siglo XVII:

Capitán: era el líder militar del barco que representaba a sus tripulante, emitía juicios sobre crímenes y dirigía la dirección del navío en situaciones de peligro y combate.

Contramaestre: se trataba del intendente de la nave, figura de autoridad encargado de ocupaciones como revisar las provisiones, dar la paga, administrar las armas, arbitrar disputas y ejercer las sentencias dictadas por el capitán.

Guardián: ayudante subordinado del contramaestre, encargado de situaciones peculiares: dirigir los bateles lanzados desde el buque para cualquier misión, sondear fondos bajos, vigilar el tránsito de mercancías o armas del buque a tierra y viceversa, fomentar la disciplina, etc.

Piloto: encargado de manejar el timón de la nave, capaz de reconocer cualquier costa y aprovechar el viento. Poseía experiencia en el manejo de brújulas, astrolabios y compases. Era un hombre muy estimado por toda la tripulación.

Artillero: era el encargado de comprobar los cañones, armarlos, ordenar disparos en combates, abrir fuego a los marinos, etc.

Oficial de derrota: se trataba de un miembro de la tripulación que informaba al capitán sobre cualquier peligro en la mar, ayudar en la cartografía a los pilotos, etc. (una especie de vigilante constante).

Carpintero y calafate: eran los encargados del mantenimiento e impermeabilización del navío, así como los jefes de cualquier obra o reparación.

Cirujano o físico: se trataba del especialista en medicina, encomendado a curar enfermedades y heridas en la nave.

Otros cargos en alta mar:
  • Maestro de armas: reparaba las armas de fuego y las blancas.
  • Cocinero: encargado de los alimentos y las comidas en alta mar.
  • Capellán: eclesiástico que repartía confesión y fuerza religiosa.
  • Dispensero: encargado de la vigilancia, distribución y racionamiento de las comidas.
  •  Lenguaraz: intérprete para ocasiones diplomáticas o de exploración.